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June 16 ASERRÍN, ASERRÁN, EL SOLSTICIO NO ES EN SAN JUANCada 24 de Junio nos vemos obligados a leer en más de un periódico, el relato de cómo en la noche anterior, supuestamente la más corta del año, se celebra el comienzo del verano. Ambas afirmaciones son un error. Para ver coincidir el solsticio de verano con el día 24 debemos remontarnos a la época en que un emperador llamado Julio César gobernaba Roma, pero por aquél entonces San Juan, el bautista decapitado por Herodes Antipas, todavía no había nacido. Estamos en el 46 antes de Cristo, y los calendarios lunares causan tales desajustes con las estaciones que la primavera se está celebrando en pleno verano. El emperador consulta con un astrónomo de nombre Sosígenes, al que conoce en Egipto, que le aconseja implantar un calendario basado en el movimiento aparente del Sol tal y como hacían por aquéllas tierras, y que se conocerá desde entonces como calendario juliano en su honor. Este año, para compensar los errores arrastrados, tuvo una duración de 445 días y fue llamado el año de la confusión. El astrónomo utiliza el año sidéreo (tiempo transcurrido entre dos pasos sucesivos de La Tierra por un mismo punto de su órbita tomando como referencia una estrella) y se establece su duración en 365 días y 6 horas, así que para evitar nuevos desfases se acordó que cada cuatro años se intercalase un día más en el mes de febrero, dando así lugar a los años bisiestos. Es en esta época cuando el solsticio de verano tiene lugar el 24 de junio y el de invierno el 25 de diciembre.
La palabra solsticio proviene del latín sol+sistere (sol quieto) y hace referencia a un movimiento aparente del Sol por el horizonte que hace que no salga ni se ponga siempre por el mismo sitio. (Foto 1) En el colegio nos enseñan que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste, lo que ya no suelen detallar es que esto sólo se cumple de forma exacta en los equinoccios, cuando los rayos del Sol inciden perpendicularmente sobre el ecuador a mediodía. El resto del año el Sol sale por el NE y se pone por el NW en verano y desplaza sus ortos y ocasos al SE y SW respectivamente en invierno. Si a partir del 21 de Junio anotásemos la posición del Sol en el horizonte día a día en la salida y la puesta, observaríamos que parece desplazarse al sur con el transcurrir de los meses, hasta que, próximo al solsticio de invierno, parecería detenerse unos días como sin saber muy bien hacia dónde seguir. Después volvería a acercar sus ortos y ocasos hacia el norte, hasta acercarnos al solsticio de verano, donde parecería volver a dudar quedándose aparentemente estático. Esta indecisión de nuestra estrella producía cierta inquietud en los pueblos antiguos, que encendían hogueras en los días en que esto sucedía, para darle fuerzas al Sol a través del fuego. Con la llegada del cristianismo, esta tradición, de origen pagana, se vio solapada por celebraciones religiosas como San Juan y Navidad.
Explicado esto nos remontamos de nuevo al pasado, esta vez al siglo IV d.C. La Tierra, que seguía dando vueltas al Sol, pronto reveló un pequeño error en los cálculos de Sosígenes. Resultó que los años eran algo más cortos de lo que él había calculado, concretamente 11 minutos y 14 segundos. No parece mucho, pero después de casi 400 años se habían convertido en 3 días. Estamos en el 325, el año de la celebración del Concilio de Nicea, en el que los católicos debatían con otros grupos religiosos la unificación a la hora de celebrar la Pascua. Después de despotricar largo y tendido contra los judíos, se acordó que se celebraría el domingo siguiente a la primera Luna llena que tuviera lugar tras el equinoccio de primavera, que hasta entonces se había estado adelantando, al igual que los solsticios, hasta situarse en el 21 de marzo. Se decide pues, modificar esta fecha siendo este el último año en que el solsticio coincidió con San Juan (al menos de forma oficial ya que ambos eventos se habían ido separando en la realidad siglo tras siglo) así que podemos decir que llevamos casi 1700 años encendiendo hogueras el día equivocado.
¿Pero a qué se debió el error de Sosígenes? El problema está en que el año sideral es más largo que el año trópico (tiempo transcurrido entre dos pasos sucesivos de La Tierra por el punto vernal) y esto ocurre porque nuestro planeta se comporta como una peonza gigante. El eje de rotación de La Tierra describe un movimiento que lo hace dibujar un círculo imaginario en el cielo que completa cada 26.000 años, y la consecuencia es que no siempre apunta hacia la misma estrella. Hoy en día apunta hacia Polaris, de la Osa Menor, y es la que utilizamos obviamente para localizar el norte. Pero en la antigüedad fue apuntando a distintas estrellas mientras iba dibujando su círculo, por ejemplo, en la época en la que se estaban construyendo las grandes pirámides de Egipto, el norte era señalado por Thubán, de la constelación del Dragón. Este movimiento se produce a causa del abultamiento de La Tierra en el ecuador, que hace que el Sol ejerza una fuerza gravitatoria mayor en el lado de nuestro planeta que está más cerca de él (recordemos que la fuerza de la gravedad es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia). El primero en advertir este fenómeno fue Hiparco de Nicea, que le llamó precesión de los equinoccios debido a que el lento vagar del eje de La Tierra hacía que el equinoccio de primavera se adelantase al año los 11 minutos y 14 segundos que Sosígenes no había tenido en cuenta, a pesar de que vivió con posterioridad a Hiparco. El equinoccio se produce el día que la eclíptica corta al ecuador celeste. Si el ecuador forma un ángulo fijo de 90º con el eje de rotación, al moverse éste el ecuador lo hace también con él, adelantando cada año el momento en que La Tierra llega al mencionado punto de corte, que tiene el nombre de punto vernal o punto de Aries. Se le llamó así porque el día del equinoccio el Sol se encontraba en la constelación de Aries, lo que nos lleva a otra consecuencia de la precesión: los signos del zodíaco ya no coinciden con las constelaciones zodiacales. Hoy el Sol está en la constelación de Piscis cuando llega la primavera, por lo que si cumples años ese día deberás saber que los astrólogos se equivocaron al decirle el signo al que pertenecías, algo que le sucede a casi todo el mundo, que suele pertenecer a la constelación zodiacal anterior a la que figura en los horóscopos.
Pero a la iglesia no le preocupaba la astrología, sino poder fechar correctamente el día de Pascua, por eso cuando llegó el año 1582 se encontraron con el mismo problema de siempre, la primavera se había vuelto a adelantar 10 días, así que se deciden a establecer un calendario que lo resuelva de una vez por todas. El papa Gregorio XIII cuenta para tal empresa con el astrónomo Clavius, que no se encontró con ninguna misión imposible. Lo primero era corregir el desfase que se había producido y esta vez lo hicieron de manera que al 4 de octubre de 1562 le siguiera el viernes 15, así hacían desaparecer los 10 días de sobra y podían seguir celebrando el equinoccio de primavera el día 21 de marzo del año siguiente, esta vez haciendo coincidir el calendario civil con el año trópico. Lo segundo era idear un plan para que aquello no sucediese de nuevo, así que Clavius propuso que no fueran bisiestos los años de fin de siglo no divisibles por 400. Desde aquél año hubo tres que no añadieron el día 29 a febrero: 1700, 1800 y 1900. El año 2000 sí fue bisiesto (igual que 1600), pero en el futuro no serán bisiestos 2100, 2200 ni 2300. Así corregimos el desfase que adelanta el equinoccio aproximadamente un día cada 129 años (1440 segundos que tiene el día divididos entre 11,14 nos da 129,26). Este calendario (gregoriano en honor del papa), que es el que utilizamos desde entonces, es bastante ajustado ya que nos sobran sólo 26 segundos con respecto al año trópico lo que quiere decir que atrasará un día cada 3330 años. La solución es que el año 4000, aunque sea divisible por 400, no sea bisiesto, pero para entonces quizá hayamos cambiado de planeta…y de calendario. © Dolores Gómez González. Prohibida su reproducción total o parcial sin citar la fuente, indicando expresamente la dirección del sitio en Internet. |
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